En la medida en que fuimos creciendo, fuimos construyendo la manera en cómo miramos el mundo. Nos pusimos esos lentes a través de los cuales miramos nuestra realidad.
Construimos una vida en la cual nos creemos las historias y creencias que nos fuimos contando. Terminamos creyendo que LA VIDA es eso que creemos.
Por lo que cuando en la vida nos vemos enfrentad@s a situaciones que ponen en riesgo nuestras creencias más profundas o nuestra concepción de LA VIDA, creemos que, junto con eso, se nos derrumba también nuestra vida.
En ese momento, nuestro cerebro se siente amenazado e intenta protegernos, por esto sin ser conscientes comenzamos a luchar contra esta realidad (evadimos consumiendo algo externo, intentamos controlar lo que ocurre para que no pase lo que en la práctica ya ocurrió o nos resignamos a lo ocurrido).
Pero un proyecto, una idea no es la vida. La vida tiene muchos proyectos y muchas ideas.
A mayor flexibilidad de nuestra mente, mayor será la capacidad de ACEPTAR que las concepciones de vida pueden cambiar.
Cuando tenemos la mirada de un túnel, en donde no vemos opciones, es más difícil transformarnos, y cualquier situación distinta a nuestras creencias es súper amenazante, es angustiante.
Aceptar, mantener una apertura a la idea de que es posible cambiar ciertas concepciones de LA VIDA, no quiere decir que dejamos de luchar por nuestros proyectos o ideales. Es entender que lo que pasó ya fue, pero sabemos que se puede retomar por otro lugar.
Si nos resignamos, nos quedamos en una parada, en la cual experimentamos de manera presente eternamente el sufrimiento. Congelamos en el presente una tristeza que viene de algo que ya ocurrió. Por esto nos quedamos inmóviles, sin luz, quiet@s. Sin energía, perdemos parte de nuestra identidad.
La resignación es un proceso pasivo en donde sentimos impotencia por no poder hacer nada. sentimos desamparo.
La aceptación es un proceso dinámico, en el cual la vida continúa al tiempo que eres capaz de comprender que esa creencia que se derrumbó fue necesaria para sostenerte hasta ahora, pero que no es tu vida. Entiendes que hay otros caminos que puedes tomar. Se genera espacio a lo nuevo, dejando ir lo viejo.
La aceptación nos da la oportunidad de volver a mirarnos y conocer quien podemos llegar a ser sin eso que acabamos de perder. Tomas el poder para ser protagonista en lugar de víctima.
¿Cómo podemos aceptar lo inaceptable?
- Descubrir qué parte de mi identidad se ve amenazada con esta realidad a la que me enfrento
- Dejar de luchar o evadir esa experiencia. De alguna manera, rendirse frente a lo inevitable.
- Pasar de la resignación a la aceptación. Tomar el valor de avanzar tomando el sufrimiento. Por el solo hecho de vivir estamos expuestos a que ocurran experiencias que no podemos controlar. Si nos quedamos en la resignación experimentamos de manera permanente el sufrimiento, en cambio, en la aceptación nos permitimos vivir la vida como aparece, pero sin rendirnos, sino que dándonos permiso para decidir con qué Identidad seguiremos caminando la vida que tenemos.
- Construir una nueva identidad. Luego de dejar esos vínculos o creencias que sostenían nuestra vida, ¿quién seremos de ahora en adelante? ¿Qué debe mantenerse de la antigua identidad y qué quiero incorporar en mi identidad de ahora en adelante?
- Dar un propósito a este sufrimiento o cambio que estamos experimentando. Dar un sentido a esta experiencia para que nos permitamos tomarla, abrazarla y disponernos en apertura y en flexibilidad. Porque la vida seguirá pasando.
Con cariño, Xime







